11 jun. 2011

como siempre...

...estaba sentada en la silla de su escritorio, con la mirada perdida, música de bandas sonoras de algunas películas de fondo y la cabeza en ninguna parte y en todas a la vez. Nada nuevo. Le gustaba su rutina, su soledad, su tranquilidad y ese rincón suyo y tan íntimo en el que nadie la molestaba. No quería que la gente se preocupase por ella, no le gustaba decir lo que pensaba y tampoco le gustaba estar en lugares con mucha gente. Tampoco le gustaba la música ensordecedora, la gente ilógica y las bebidas con gas. Pero amaba los libros, el piano, la música, soñar y pensar que se cumplirían alguna vez, el chocolate y la risa de los niños, esa tan contagiosa.
Era una chica solitaria. Era única. Y era la típica que soñaba que algún día sería feliz, que encontraría a alguien de la forma más absurda, que serían felices y que aprendería a querer.

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