15 feb. 2014

nostalgia se llama

La noche de aquel frío viernes en el que te marchaste, se me hizo tarde entre toneladas de cafeína y un montón de folios ocupando sitio en el escritorio, que terminaron deshaciéndose entre las llamas de nuestra chimenea. Y acabé encendiéndome un liado, cerca del fuego, tratando de recalentar mi corazón. Echándote de menos, como siempre, preguntándome también porqué anoche me arropaban tus brazos y hoy la soledad.

Y bueno, hace años de aquel viernes, pero yo sigo tropezándome en bares buscando tu espalda en la barra pidiendo cañas. Abrazando cada día a la nostalgia, dejando que me consuma como quien lo hace con el cigarro de después de echar un polvo.

Ahora fuera diluvia, como en mi interior, y probablemente es la peor idea que he tenido nunca, pero he vuelto a escribirte. Y ha sido como tomar una bocanada de aire bajo la lluvia, o llenarme de nicotina los pulmones, o aspirar el olor de tus camisas. Y aunque ya no estés, te siento junto a mí tecleando con una mano sobre mi espina dorsal, y con la otra dibujando la línea de mi clavícula. Que ya se que todo es el veneno de la nostalgia corriendo por mis venas, pero benditas palabras que me han salvado de otra noche a solas con la luna.


20 dic. 2013

 Demasiado pequeña en este mundo tan grande. No ves que tu vida es como el Titanic. No ves que tus miedos e inseguridades son el iceberg. No ves que tus monstruos te destrozan en pedazos, que lo has perdido todo. Dejar que el dolor cale bajo la lluvia es rutina. Las viejas y cochambrosas botas típica de los setenta abrigando tus pies y el corazón helado, donde es muy fácil resbalar. El duro invierno, el puto jodido y duro invierno, cuando solo tus demonios consiguen resguardarte del mundo, cuando la soledad te ofrece su compañía y cuando tu alma se convierte en cristal y es más frágil que nunca.

Aquellos que tanto hablan del miedo no saben lo que es temer dormirte. Lo que es temblar sola deseando dejarte llevar por la necesidad de perderte. Lo que es destruir el cristal que tanto te recuerda el asco que das con tus propias manos. No saben lo que es que escribir ya no llene. No saben lo que es desgarrarte la garganta en silencio. No saben lo que es gritarle rota al vacío en unos versos. No saben lo que es sentir que tu cabeza es tu propia cárcel. No saben lo que es el huracán, caos, tormenta o como quieran llamarlo, de tu cabeza. No saben lo que es destruirte pensando. No saben lo que es nada, porque no saben lo que es el miedo. El miedo a ti misma.

Las comisuras de los labios se agotan, ya no pueden fingir más.

¿Un café y comenzamos esta guerra?


29 oct. 2013

¿Recuerdas que antes cada centímetro de tu cuerpo me pertenecía solo a mí?
¿Recuerdas esa noche caminando por los callejones nunca vistos de Roma?
¿Recuerdas cuando no éramos más que dos locos soñando con estar alguna vez bajo la Aurora Boreal con el frío calando hondo?
¿Recuerdas los paseos por carretera cantando a pleno pulmón Rock de los 70 dejándonos llevar por la necesidad de perdernos? 
¿Recuerdas los versos que tú inspirabas con solo una mirada? 
¿Recuerdas aquellos sábados cuando te colabas entre mis miedos y me los quitabas con un polvo?
¿Recuerdas que eras mi pilar?
¿Recuerdas que me querías (o eso decías)? 
¿Me recuerdas a mí, después de todo este tiempo?

Que parezco gilipollas escribiendo siempre sobre un desamor. Que yo debería dejar sobre el papel unas líneas de una historia bonita, no triste. Que yo no debería destruirme derrochando tinta en recuerdos que no volverán, yo debería aprender el significado del amor cada día contigo.

Cansa escribirte y que tú leas a otras.
Cansa que tu puta mente no te de un momento de paz.
Cansa que no sepa hacer otra cosa que recordarte.
Cansa dejarme la vida en echarte de menos.
Cansa tu indiferencia.
Cansa querer gritar mil cosas al silencio que dejaste cuando te marchaste. que dejó tu ausencia.
Cansa quererte.
Cansa pasar los inviernos sin tus brazos.
Por cansar, cansa todo.

Volveré para dejarme la vida aquí, ya sabes.