19 ago. 2011

Tarifa.





Una vez leí un artículo de internet que decía que, cuando reímos, podemos llegar a poner en marcha cerca de 400 músculos, incluidos algunos del estómago que sólo se pueden ejecutar con la risa. También decía que, cuando nos hacen cosquillas, no podemos evitar la risa e incluso padecemos incontrolables ataques de ésta. No se debe a una causa en concreto, sino a un acto reflejo de nuestro cerebro que hace perder el control de reír casi involuntariamente. Me he parado a pensar en las veces que me has hecho sonreír y me vienen más de mil imágenes llenas de sonrisas, carcajadas, felicidad… Son casi incontables, y me atrevo a decir que eres la única persona que conoce mi punto débil para que sonría. No hace falta ni que me roces para que se ilumine mi cara en una sonrisa, sólo con una mirada, una palabra o simplemente una caricia sobre mi piel, puede hacer que me ría inevitablemente. A veces hay risas que se contagian, que en cuanto las escuchas, hacen que carcajees incontrolablemente. Risas infundidas en hipocresía, que las planteas por tal de quedar bien ante algún vecino que se te cuele en el ascensor y te suelte el ''chiste''. Risas tontas, que es cuando te llega la debilidad de la risa floja y no paras de reír y reír sin motivo alguno. Hay tantas risas que sería imposible calificar una por una las que me has causado en cada momento de nuestras vidas. Puede que sea una tontería, pero me encanta verte sonreír, es algo que hace que mi felicidad aumente, que se formen mariposas en mi estómago y que en ningún momento pueda estar triste. Y es que verte con una sonrisa de oreja a oreja, con los ojitos incrustados bajo párpados, hace que me sienta bien, que siempre que esté apenada, sea eso lo que me consuele, porque verte feliz a ti es lo único que puede crecer mi felicidad.

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