22 jul. 2011

El principio de mucho.

Un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera, mientras la suave brisa entra por mi ventana y me mueve suavemente el pelo, y yo veo sentada desde mi escritorio como las olas del Atlántico rompen contra las rocas de un acantilado, los pajaritos vuelan, y el cielo se oscurece, yo escucho la melodía de unas bandas sonoras de película, y pienso en las vueltas que da la vida. Y de pronto empieza a llover, un diluvio universal, y unas rompientes se pueden ver desde aquí. Salgo a la calle, tal y como estaba, con mi vieja camiseta de seda y unos viejos vaqueros. Me mojo a lo bestia, sigo andando a pesar de todo y llego al final, espera, este no es el final, este es el principio, me armo de valor y me lanzo al vacío, al mar. La sensación de caer a otro mundo, la sensación de frescor al acariciar el agua con los pies y hundirme allí, en las olas balanceándose y revolviéndolo todo. Salgo saltando con todas mis ganas y respiro profundo. Nado hacia la orilla y me echo en la arena. El final está lejos, créeme, esto es solo un principio de muchos caminos que elegir.

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