22 dic. 2011

el color de las cosas.

Volví. Volví porque allí ya no me quedaba nada que hacer. Por que ya no quedaba nada de ti, y tampoco de mi. Porque las cosas cambian, y no hay razón para pretender que sigan igual para siempre. Volví al lugar del cual no tenía que haberme ido, por que tarde o temprano iba a volver, aunque pensé que volvería contigo. Sí, pensé que regresaríamos juntos. Eso pensé. Que pronto me alivió pensar que encontraría un hogar en aquel edificio al que llamábamos casa. Imaginé mi regreso en una tarde soleada, sentí como me cegaba el relejo de los rayos del sol sobre el agua, mientras descendía por el camino que rodeaba mi recuerdos. Sentí calor, y emoción. Pensé en los largos paseos junto al mar, en el color verde, en los indescriptibles sonidos de la tarde, el color rojo, el viento. Pensé en el amarillo, en el azul, el naranja. En las mañanas de verano, en el agua del mar, la cual se iba calentando paso a paso. Después, pensé en ti. Y llegué. Llegué una tarde pero los rayos del sol no me cegaron, por que las nubes evitaban su paso. En ese momento tuve la sensación de perder el color amarillo en todo cuanto veía. Y comencé a echarte de menos. El viento frío se llevó el color azul, y la lluvia cubrió el verde. Entonces apareció el tedio y me invadió una sensación de tristeza infinita. Eso hizo que desapareciera el color naranja, y con el el rojo. La orilla del mar se enfriaba con el blanco y el negro, y los días se hacían mas cortos. Seguí pensando en ti. Pero llegó un momento en el que ya no me quedaban recuerdos, y dejé de hacerlo.
Así fue como lo conocí, en la oscuridad de mi memoria, y el vacío mas absoluto de mi esperanza. Poco a poco, fui recuperando la vista. Lo primero que vi fue el color azul, y descubrí que había dejado de llover. Pasó el tiempo, y el verde, volvió a aparecer. Lo vi en sus ojos. Los días se hicieron más largos y cesó el viento frío, llevándose el tedio a otras tierras más al norte. Un día creí que me había quedado ciega, pero tan solo era el reflejo del sol sobre el agua. Y el amarillo, había perdido la tristeza, y eso trajo a mi vida el naranja y el rojo. Así descubrí el color de su pelo, de tu pelo. Y me volvía a enamorar. En ese momento, comprendí que las cosas, no son del color que parecen ser, si no del color con que se miran.

-Mario Viñuela

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