18 may. 2012

Entre líneas.


 Me quema por dentro, arde, consume mi cuerpo entero, cada milímetro, la sangre fluye con más velocidad por las venas. Lo convierte todo en grises y frágiles cenizas, pero bien talladas y hermosas. Y así recorre todo mi ser, propinándome una felicidad que desconocía. Fuera, los rayos de sol no inciden sobre la ciudad, nubes oscuras y peligrosas amenazan con convertir el cielo en un tono negro, consiguiendo su propósito con éxito; y comienza a llover. Las gotas se derraman como mantas de agua y el rumor de ellas choca contra mi ventana formando y componiendo una dulce melodía que es música para mis oídos. 
Hileras de libros rellenan cada hueco, antes vacío, de mi estantería pulida en madera. Diferentes colores por fuera, diferentes historias por dentro; no hay ninguno igual. La emoción y ansiedad de fantasear dentro de ellos me derrite. No puedo evitar coger uno y abrirlo, para que ese fuego que arde dentro de él, se apodere de mi cuerpo. La lluvia y el frío pierden importancia, mis mejillas toman un color rosado, dándome así más vida que felicidad, aunque no me viene mal un poco de las dos. Sí, la lluvia desaparece por completo de mi cabeza, una vez que el libro está expuesto para una lectura tranquila y placentera, pero no esa música que me apoya. Sobre todo, me ayuda a levantar cabeza, a adentrarme más en estas páginas y páginas formadas por preciosas palabras. Me apoyo en el marco de la puerta, flexiono las rodillas y en un pasajero instante, estoy sentada sobre el ardiente suelo; después de meditarlo unos segundos, creo que la que arde en ganas soy yo. Relajo los hombros, respiro hondo, exhalando todo el olor de las hojas de libros nuevos, recién salidos del cascarón. Centro la mirada en las palabras escritas; mi mente se pone en práctica, haciéndome a entender lo que estoy leyendo. El libro no se ciñe al habla coloquial, usa expresiones tan maravillosas que no hace falta obligarme a sonreír, curvo los labios con tal facilidad que me sorprende. Tan insignificantes por fuera y tan llenos de magia por dentro... Nosotros, en cambio, los seres humanos, si se nos puede denominar así, somos almas condenadas por la sociedad a vagar sin un rumbo fijo por este camino llamado vida; en parte, envidio a estos textos encerrados en páginas, pero con libertad de expresión extrema. Por eso mismo, lo único que se me ocurre cuando, bajo la lluvia, veo a todo el mundo correr y esconderse, es posarme sobre el mojado suelo, deleitarme con la belleza de los libros, y, básicamente, lo que es pasar de la gente.  


Entre líneas, también hay palabras que no se dejan ver tan directamente, por eso tenemos que aprender a ver la belleza donde creemos que no hay.



1 comentario:

  1. Creo que es de tus mejores entradas. No sé si por cómo la has escrito o por lo que trata, pero definitivamente me ha encantado. Ha sido un grandísimo placer leer estas líneas, entre las cuales he corroborado una vez más que eres una gran escritora.

    Te espero por mi blog, Laura! http://imaginaydesea.blogspot.com.es

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