5 may. 2012

Seis minutos.

Me alivia pensar que por lo menos tengo esas fantasías encerradas en mi mente. Tampoco tengo planeado dejarlas escapar. Tras la tormenta siempre llega la calma, que te abre los brazos y te invita a respirar profundamente, exhalando todo el particular olor de las calles mojadas y abriendo los ojos para examinar mejor casa escondrijo de donde te encuentres. Ese no es mi caso. Tras la tormenta, ha llegado el huracán. El tiempo juega conmigo, me pone obstáculos para ver si esta vez puedo superarlos. No soy débil, me digo a mi misma, a pesar de no creérmelo del todo. Eso sí, soy más frágil que un cristal. No encuentro el momento preciso para irme, o él no me encuentra a mí. Relajo los hombros, intentando dejar la mente en blanco, deleitándome con la sorprendente luz que ofrece la luna. Si sigo así, ¿qué me queda?
Arranco con brusquedad los malos recuerdos que quedan en mi mente, que son pocos. Tampoco hay bonitos, es más, no hay nada. Plasmo sobre hojas de papel en blanco todo lo que consigo sacar. Lo que me reconcome por entro está fuera, dibujado sobre estas finas tiras de folios y folios. Examino cada parte de mis dibujos, que no me hacen nada en el estómago, ni un solo sentimiento. Pretendo que el corazón me de un vuelco. Pero no hay nada. Solo quiero saber que se siente cuando se siente algo.


Pienso en irme, en realidad, llevo años pensando en irme. Ahora lo decido. La vieja y estropeada maleta que llevo siempre conmigo también me acompañará en este viaje. Lo meto todo, sin pensar en si lo necesito o no, tampoco importa mucho. En pocos minutos estoy sentada sobre los suaves asientos de terciopelo de primera clase del avión. Las azafatas se trasladan de un lado a otro apresuradamente. el aire acondicionado me da en todo el cuerpo, recorriendo cada milímetro de mí, haciendo que me estremezca. El olor al suave café que se toma con tranquilidad el piloto me llega hasta todas las fosas nasales. La gente mantiene unas conversaciones sabias y animadas, mientras que yo, me limito a mirar por la ventana las nubes que evitan el paso de los rayos de sol, no inciden sobre la ciudad. Respirar profundamente aquí dentro se me hace complicado, pero no imposible. Todo el aire comprimido y la presión que tiene la gente es lo que lo hace difícil, sin embargo, lo consigo. Le busco sentido a todo lo que estoy haciendo, ya no hay marcha atrás, estoy volando sobre la preciosa Italia, que desde aquí arriba me resulta tonto intentar siquiera mirarla. El aliento del hombre que se sienta a mi lado no me hace mal, es más, huele a rosas. Mi fragancia es tan común que me avergüenza estar a su lado. Vuelvo la cara para mirarlo mejor, percibir su olor de una forma más directa. Posa su mirada sobre la mía. Es extrañamente guapo. Todo pasa tan rápido que me asusta, y en seis minutos estoy completa y fantásticamente enamorada de él. Solo seis minutos me han echo falta.


Ni siquiera hemos intercambiado palabras, solo expresiones. No nos hace falta para entendernos a la perfección. Se acerca para besarme y yo no le voy a rechazar eso, ni me pienso oponer a nada. La presión de sus labios sobre los míos forma una estampida de todo un zoológico en mi estómago, es la mejor sensación del mundo.
Solo seis minutos.



1 comentario:

  1. Acabo de encontrar tu blog y lei tus entrada y me encantaron! son hermosas :)
    Te sigo :)
    Si queres pasate por mi blog
    http://from--the--inside--of-my--soul.blogspot.com.ar/
    Besoss

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