27 ene. 2013


No sabe cómo ha llegado ahí, busca en su inundada memoria y lo único que encuentra es vació  No entiende cómo, siempre ha sido buena para rememorar sus errores, una y otra vez, como si fueran maldiciones cerniéndose sobre ella. Esta vez no hay nada, solo negro. Es una persona pacífica, tranquila, pausada, ordenada, y aquí todo el mundo es todo lo contrario a ella. ¿Por qué está ahí entonces? Alterna la vista en todas las mesas, parándose a analizar a cada persona.

Esa chica de melena rubia recogida en un moño el cual está recogido con su propia cabellera, un mechón rodea la maraña de pelo. Ríe. ¿Por qué está contenta en un sitio así? Es menuda y, a pesar de verse feliz, tiene los ojos cansados. Da pequeños botes sobre la silla mientras les proporciona a sus compañeras una buena ración de empujones entre risas.

El chico de ojos grises que le resulta tan transparente y tan misterioso a la vez. Hay algo en la forma que tiene de mirarla  que despierta en ella una sensación de curiosidad extrema. La atraviesa. Su pelo, alborotado sobre su cabeza, negro como el carbón, negro como los ojos de ella.

La señora que juega con un coletero entre sus dedos, se pasea decidida por la sala, viendo cada recoveco. ¿Por qué? Su mirada también le resulta a ella interesante, diferente, extraña. Tiene algo que la hace sentir incómoda cada vez que la mira. Odia que la hagan sentir así. Siempre lo ha hecho. <<Esto parece una cárcel>> Piensa ella, suspirando, bajando la mirada hacia sus pantalones de hospital y sus zapatillas de andar por casa.

De pronto, algo llama su atención, en su mente. Todo es un tanto extraño. Demasiado quizá. Ella tiene constancia de ello, pero no sabe cómo es que sabe eso. Es la hora de sus pastillas. ¿Pastillas? ¿Para qué? ¿Por qué?

-Evelyn, tienes visita. –Ella recuerda a ese hombre, recuerda que es el director que controla toda su vida ahora mismo. Se encuentra tan perdida ahora mismo que solo traga saliva y asiente. Se estira sobre la silla y sigue al director. Todo le resulta pesado, no sabe ni cómo se mantiene despierta. Las piernas las arrastra por ese suelo tan consumido a través de los años. Odia las luces blancas que alumbran su camino, el hedor tan repugnante que entra por sus fosas nasales. Lo odia todo.

El hombre que la ha guiado abre la puerta hacia una habitación, donde Evelyn encuentra a la persona que más desea ver en el mundo. Su madre. Mira al director con esperanza en los ojos, él se hace a un lado, ella pasa, y por primera vez desde que llegó ahí habla.

-¿Dónde me has metido? ¡NO ESTOY LOCA! ¿POR QUÉ ME HACES ESTO? –Exclama llevándose las manos a su melena castaña moviéndola como si de verdad se le hubiera ido la cabeza. Apoya la frente en el borde de la mesa, agotada por todo. Solo cuando oye la voz de su madre alza ligeramente la vista para mirarla.

-Evelyn, intentaste suicidarte. –Dice calmada a su hija, de poco sirve, eso solo la desquicia más.

-Eres mi madre, se supone que debes protegerme. –Evelyn respira hondo para no soltarle una bordería a su madre, es de lo que le entran ganas.

-Eso estoy haciendo, necesitas ayuda, y yo no puedo proporcionártela. –Estira el brazo para tocar a su hija, quien se aparta como si le tuviera asco. Asco no, rencor, no entiende cómo alguien que la quiere es capaz de hacerle eso. Error por parte de su madre intentar calmarla con unas caricias, como hacía cuando la inocencia se veía en la cara de Evelyn. Ese intento fallido solo provoca incomodidad entre madre e hija.

-¡No! Esto no es lo que necesito, necesito estar en casa, no aquí, donde todos me atiborran a pastillas y me tratan como si fuera de cristal.

La mujer de pelo cobrizo levanta la vista hacia su hija, realmente, es tan inocente, está tan perdida, da tanta lástima que por un momento se le pasa por la mente el llevársela consigo a casa, pero no puede. Está en tratamiento, no puede interrumpirlo ahora.

-Mamá. –Le suplica, con los ojos cristalinos al borde de derramar un mar de lágrimas. –Este no es mi sitio, ni siquiera sé cómo he llegado aquí, ni qué hago aquí, necesito tu ayuda, actúa por una vez como una madre.

-Lo siento. –Esas últimas palabras se le clavan a Evelyn en su cerebro como puñales, resulta muy agotador toda esta situación, y más ahora. Su madre ni siquiera la mira al cruzar la puerta y dejarla sola en esa habitación vacía. Sola.





7 comentarios:

  1. Ay, mi queridísima Lau, ¿cómo es que todavía nadie se dignó a dejar su huellita aquí? Me siento indignadísima. Por eso no pude resistirme a comentar, pero no te quiero engañar: no me siento con muchas fuerzas para elaborar un comentario que lo merezca, y no, tampoco me lo he releído porque tampoco he encontrado fuerzas para ello. Quizá después necesite una charla contigo, para desahogarme, y lo entenderás todo. De momento, me gustaría preguntarte si esto es todo lo que yo ya había leído antes o es un fragmento, porque recuerdo que pasaban más cosas en lo que yo leí, ¿o me equivoco? Lo que opino del texto/capítulo ya te lo dije en su día, creo que no necesitas saber nada más.
    Te quiere,
    Yaiza.

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  2. Laura :O por dios, ¿Cómo no me he podido pasar antes por aquí, y cómo sólo tiene un comentario ésta entrada?
    Es increíble, te lo digo de verdad.
    Todos alguna vez nos hemos sentido solos, todos hemos sentido que nadie nos apoyaba, esta chica intento suicidarse y ahora, cuando necesita ayuda, sigue estando sola. De cierta manera, creo que este texto (En mayor medida) es como la vida real.
    Sigue así, guapi.
    Espero verte pronto por mi mundillo.
    :))
    Besos.

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  3. PUF. A ver qué digo yo ahora que esté a la altura. Los pelos de punta, Lau, de punta. De principio a fin. Me ha encantado la introducción, describiendo a los distintos personajillos que se paseaban por aquel extraño lugar que a ella tanto asco le da, y al que siente que no pertenece. Y luego un tremendo escalofrío me ha recorrido cuando ha visto a su madre y, más tarde, se ha quedado sola. Desgraciadamente, debo añadir que no es una situación nada surrealista, que es algo que podría ocurrir perfectamente a cualquiera y eso me entristece. Nadie debería quedarse sin nadie que le apoye y le ayude a salir adelante. Es lo peor que nos puede pasar. Una entrada genial, presiosa.

    Un besazo,

    Daw.

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  4. Apoyo lo que dicen Yaiza, Mir y Daw. Lo siento.
    Has escrito algo muy... muy... MUY. Y me has dejado sin palabras, culpa tuya.
    No lo entendía al principio, ahora ya sí. Ahora entiendo por qué odia ese lugar. Por qué todo.
    Aunque dios, no sé si preferiría no saberlo. Ofú. Escalofriante.
    Lau, me gustó mucho este texto,
    S.

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  5. Madre mia, realmente me ha dejado con los pelos de punta!
    me ha gustado mucho, besotes

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  6. Jo laura,es genial.No tengo palabras.Nunca me habia preguntado que ocurria tras un intento de suicidio.Al principio cuando dice lo de las pastillas no entendia nada pero al final cobra sentido y adsfdghj tendra segunda parte?No puedes dejar en el aire lo del chico de ojos grises.Un beso
    Clari

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  7. Mira, yo te adoro, ya lo sabes y siempre te leo. Lo que pasa es que odio comentar con el móvil, por eso comento tan poco.
    Me encanta esta entrada a pesar de lo triste que es... Tengo intriga todavía que lo sepas. Es preciosa... ¿puedo decir qué he llorado? Pues sí, lo he hecho.
    Te quiero muchísimo mi vida
    http://feelingsofasmallhuman-nv.blogspot.com/

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